miércoles, 4 de junio de 2014

ANDALUCÍA

sur
olor
toro
jerez
fiesta
mujer
lejanía
Platero
pellizco
calorsito
desiertos
Averroes
alhambras
cante jondo
feria de abril
Guadalquivir 
semana santa
pueblos de cal
cuna de España
silencio generoso
escabel de Europa
Pablo Ruiz Picasso
Córdoba y  Granada
M. de Falla y J. Turina
dos mares en sus costas
ocho tribus la conforman
sólo un camino: El Rocío
latido  inicial de América
Lorca, Alberti, Cernuda
los ojos más hermosos
columnas de Hércules
Juan Ramón Jiménez
desposada de olivos
luces con sombras
cumbres nevadas
balcón de Africa
Úbeda y Baeza
Biblia y Corán
canta su pena
mira al norte
manzanilla
Velázquez
marismas
tarthesos
cantares
Bécquer
Doñana
señorío
Séneca
caballo
azahar
poesía
quejío
siesta
color
reja
arte
luz
olé


y ese acento único
marca de España
inconfundible
universal
andaluz

martes, 3 de junio de 2014

VIERNES SANTO 2014




(Otras estaciones)


este frío
la soledad
los desiertos
la prisa del río
el gran silencio
el mar espoleado
ausencia  de Dios
la traición del beso
la pus del envidioso
el odio  en la sonrisa
la reja de un presidio
el  viento sin cadenas
la prostitución  (sin más)
el adiós de la memoria
la mano vacía del pobre
el triunfo de  la tormenta
el brazo cainita del fuego
el viacrucis  del abandono
el toro empujado a la arena
la visita de la muerte cercana
la rama a punto  de quebrarse
“el rey” encerrado  en su mate
la mirada desnuda del  anciano
los niños jugando a esconderse
esa casa sin voces que la habiten
el miedo en los ojos  de un animal
el cómico sin el aliento del  público
el  camino desorientado  de la grieta
la angustia del niño que no va a nacer

EL CALENDARIO





SOY un fiel escudero del tiempo:
la huella escrita de su presencia,
el que fija el ritmo de su paso.
Los únicos ojos abiertos
que transmiten la luz de su seno.

Y la detengo.
Registro la ruptura del silencio,
los latidos del mundo...,
lo importante de TU historia;
a todo lo que ocurre, doy asiento.

Porque yo soy esa gran plaza
que recoge los primeros alientos de la vida,
caminando con ellos.
También esa estación fría 
que despide sin cantos
a los que han terminado su camino.

Yo no tengo corazón;
sólo tengo que contar los días
y leerlos;
marcar bien su ritmo.
Para eso extiendo mi cuerpo
sobre espacios amables a la vista.

Mi inquebrantable cuerpo
perfecto de dianas numeradas,
abierto a las mil heridas de cada día
que en él se anotan.
Pero no importa;
para eso he nacido

BIENAVENTURADOS




los que rezan todavía
los que ya han llegado
los que te  dicen: sigue
los que creen y  confían
los que  saben  escuchar
los que inician  el camino
los  que aman a  los niños
los que  llaman a tu puerta
los que persiguen la belleza
los que cantan todos los días
los que han alcanzado la cima
los perros y también  los gatos
los que han caído y se levantan
los que hacen callar a las armas
los que  conversan con las flores
los que saben amar a un  anciano
los  que no conocen a su  enemigo
los que dan de comer a los pájaros
los que no conocen la desconfianza
los que devuelven lo que no es suyo
los recién nacidos recibidos sin amor
los que siempre están preguntándose
los jóvenes mayores de cuarenta años
los que bendicen a Dios al nacer  el día
los que aman y nunca han sido amados
los que “han dejado todo  por Mi causa”
los que equivocados saben pedir perdón
los animales abandonados sin compasión
los que señalan con el dedo las injusticias
los que miran atrás y corrigen sus errores
los que presienten que mañana será tarde
los que administran sabiamente su silencio
los samaritanos que cuidan de los enfermos
los poetas que iluminan el alma de las cosas
los que ganan sin hacer trampas en el juego
los que amando la vida la entregan con amor
la voz altiva y  enclaustrada de las campanas
los mendigos sentados en el banco  del olvido
los que esperan serenos a la hermana Muerte


los que aman y cuidan nuestra casa: la Tierra

los que han escogido el camino y no la posada
los que permanecen vivos en nuestra memoria
los que caminan con la espada del amor en alto
los que envidian la fortaleza generosa del  árbol
los tañidos de las esquilas, que dormecen el aire
los que saludan todos los días a la Madre de Dios
los que siembran en el corazón palabras hermosas

los que al llegar la noche están colmados de alegría

SOLEDAD



                                  


(Un solo verbo)



Una ramita débil,
sin presencia en el aire apenas,
línea sutil y quebrada,
calle desnuda sin luz,
hogar de una lágrima.

Al final de ella
un rumor cálido,
lloroso,
tras los muñones rugosos 
y agotados de sus yemas.

Emoción,
silencio.
¿Por qué?

Una hoja 
madura de luz otoñal,
como una gran lengua sedienta,
al seno de la tierra fría se arroja.

El viento, desdeñoso,
ausente.
Apenas un leve y tibio sol;
tampoco pájaros.

Desconcierto,
soledad tras mis pasos.

lunes, 2 de junio de 2014

HORA DE CENAR












La tarde abandona mi habitación.
Levanto los ojos cansados
de acompañar a mi amigo Clarín.
Una ventana desvencijada lloriquea 
porque el viento presiona su cintura.
El silencio se siente desarropado
y se inicia una leve turbación
en el ramaje de las cosas.
Llega también, sin morder apenas,
la lengua sedosa del frío
hociqueando por mi cuerpo.
Todo lo cubre una agrietada melancolía
que me acompaña como un mendigo
aguardando a la noche que se acerca.
Salgo a preparar la cena
mientras escucho las últimas noticias.

SED





Mira mi sed
-sed de ti-
de tus versos
y tus pasos

sed de tus ojos
de quedarme en ellos
como playas
en la arena de los míos

de ese cuerpo
sed de locuras tengo
que sólo mi cuerpo
entiende

a tu cintura miro
con sed de apresarla
y de esconderla
entre mis brazos

de tus labios
ardo de sed
déjalos sellarse
con los míos

y mis manos
como lenguas
alocadas de sed
recorriéndote

subiendo
hasta tus balcones
donde mi sed
se calma

bajando
hasta tu volcán
donde mi sed
se enciende

lléname de sed
-de ti de sed-
con tus versos de amor
para siempre